Las lesiones son buenas

Entrenas para progresar, para crecer, para mejorar uno mismos. A través de este proceso, desarrollas una tendencia a glorificar el trabajo y a odiar todo lo que pueda impedirte conseguir tus objetivos.

Que esto está muy bien. Pero poner por encima de todo la rutina de entrenamiento, los objetivos y cosas así te aleja de lo que de verdad importa en este viaje, que es conocerse mejor a uno mismo. 

Por eso una lesión te puede parecer siempre negativa, es algo que te está impidiendo avanzar. Pero lo peor de una lesión es no aprender nada de ella. 

El regalo de una lesión

No quiero que te tomes esto como una mierda de esas de autoayuda, autoconvencimiento o PNL. No es solamente el verle el lado positivo a las cosas.

Lo que te estoy diciendo es que tienes que saber mirar más allá. Entrenamos para mejorar, y el lesionarse es algo que puede formar parte de ese entrenamiento.

Está claro que sentado en el sofá no te vas a lesionar. Vas a estar mucho peor, pero no te vas a lesionar.

Así que si entrenamos para mejorar y las lesiones o molestias son parte de ese entrenamiento. Lesionarse te tiene que hacer mejorar.

Aunque no sea de la manera que tu esperabas.

Adaptabilidad, no te encasilles

Lo primero que puedes aprender de una lesión es a parar, a cambiar tus planes, a que las cosas no salen como tú esperas. Esto es así, asúmelo.

Y no hace falta que sea una lesión. Como te digo siempre: “El entrenamiento se debe adaptar a tu vida, no tu vida al entrenamiento”.

Ya sea por que te has lesionado, porque te has resfriado o porque tienes que llevar a tu hámster a la pelu. Da igual, los planes no salen como uno quiere.

Así que una lesión es una causa de fuerza mayor que te hace parar. Y ese parón deberías aprovecharlo para darte cuenta que tienes que relajar tus expectativas.

Puede que necesites más tiempo del que tú pensabas para llegar donde quieres.

Sobre todo si te has lesionado por intentar conseguir en pocas semanas ese supercuerpo de playa.

Así que como te ha pillado el toro, empiezas un super-entreno megaduro y, ¡oh! ¡Sorpresa! Has petado.

Pues por gilipollas y querer hacer las cosas tarde, rápido y mal, tienes algunas semanas para reflexionar.

Una lesión rebaja el ego

Quiero que sepas una cosa: “Eres invencible, hasta que dejas de serlo”. Cuanto antes aprendas esta lección, mejor te va a ir.

Muchos son los que están convencidos de que son indestructibles hasta que sufren su primera lesión importante.

Y aunque me gustaría que no fuera así, muchos necesitamos de una hostia así para darnos cuenta que, si no llevamos cuidado y no respetamos a nuestro cuerpo lo vamos a romper.

Si quieres ir más deprisa de lo que puedes. Si no cuidas los nutrientes que necesita tu cuerpo. Si no dejas descansar la maquinaria para que se recupere, más pronto que tarde petarás

Además de mostrarnos que somos seres humanos, las lesiones también enseñan problemas específicos que no sabías que necesitaban trabajo o que ni siquiera sabías que eran problemas.

Crisis de identidad

Me voy a poner profundo. Tú no eres el coche que conduces, ni la ropa que llevas. Tu no eres tus abdominales, tus brazacos o tu culo de instagramer ¿verdad?

Pues entonces tú tampoco eres tu programa de entrenamiento, ni tu dieta. Esto solo son parte de tu vida, parte de tu viaje.

Podrán definirte más o menos. Por poner algún ejemplo: ir al gimnasio no te define especialmente, pero hacer CrossFit parece ser que sí.

Comer bien y cuidar la alimentación es algo bueno, pero no destacable. Otra cosa es ser vegano. Inmediatamente se lo tienes que decir a todo el mundo y tratar de evangelizar para convertir a cuanta más gente mejor.

¿Pillas la idea? 

Cuando por una lesión ya no puedes ir a entrenar o no puedes seguir ese plan de entreno tan chulo que tenias, parece que has perdido tu esencia, tu leitmotiv, lo que tu eres se ha ido.

Está claro que no vas a estar feliz cuando por una molestia no puedes seguir tu plan de entrenamiento fijado.

Pero lo que si que te dan es la oportunidad de verte sin poder hacer eso que tu crees que te define. Solo para comprobar que tu eres mucho más que ese entrenamiento.

Sí, lo sé. Pero ya te había dicho que me iba a poner profundo.

Una lesión te da tiempo libre

Si no puedes ir a entrenar, automáticamente tienes más tiempo para hacer otras cosas.

Esto que es una perogrullada no siempre lo tienes en cuenta.

Si te has lesionado es por algo, ahora tienes ese rato que antes dedicabas al gimnasio para leer algún libro, ver un vídeo o escuchar algún podcast que te ayude a mejorar.

No solo contenido superficial que se consume mientras haces press banca. Me refiero a pasarte varias horas investigando como hacer una sentadilla como Arnold manda.

Ahora que no puedes ir a entrenar puedes dedicar ese tiempo a tu alimentación. Y no solo a compensar las calorías que no vas a quemar.

Puede que tengas más tiempo para hacerte la comida, para hacer mejor comida, para probar comida nueva hecha por ti.  

Regalos de valor incalculable

Yo se que de primeras una lesión te pone de mala leche, aparte del dolor más o menos molesto según la lesión en sí.

Y después llega el darte cuenta que los próximos días, semanas o meses vas a tener que cambiar tus planes de entrenamiento (como poco) o incluso alguno más si la cosa va en serio.

Pero como ya te he dicho, mira el lado positivo. Aprende que somos humanos y que las cosas no siempre se pueden hacer como pone en la hoja de excel o en la web donde has sacado el entrenamiento perfecto que seguias.

Si te has lesionado por haber querido hacer más de lo que tú sabías que podías hacer, espero que hayas aprendido que hay que entrenar con más cabeza y menos ego.

Aprovecha esta oportunidad forzosa y molesta para darte cuenta que  tu entrenamiento o tu dieta no te definen. Sí, aunque hagas CrossFit o tu dieta sea vegana.

Y aprende por qué te has lesionado, cómo evitar que vuelva a pasar y cómo salir sabiendo más de lo que sabías.

Si no es así, tienes una condena a volver a lesionarte.