Dieta de definición muy extrema

Voy a continuar con algo relacionado a donde lo dejé. Pero esta vez contando mi caso personal, que lo voy a hilar con el tema principal que es lo poco sana que puede ser la competición.

Y lo poco recomendable que es seguir planes de entreno y alimentación de la gente de competición.

Para ponerte en contexto nos remontaremos a un par de semanas atrás. (insertar sonido de arpa). en el que te acordarás, y si no ya te lo recuerdo yo, que aquí teníamos una ola de calor muy rica.

Si nos vamos un poco más atrás, como a primeros de año, creo que te comenté también (digo tantas cosas que no me acuerdo bien) que iba a empezar una etapa de definición.

Y que entre medio tuve una pequeña lesión/tirón en el abdominal que tengo jodido por mi accidente de moto. Esto del accidente te lo conté en el episodio 50, no te lo voy a volver a contar hoy.

Con todo esto dicho, hace un mes y medio empecé a rebajar calorías y a afinar un poco lo que comía. Me permitia menos caprichitos. Y las caloría las bajaba de semana en semana para ver como reaccionaba.

Todo iba bien. Bajando de peso, muy poco, pero bajando. El primer mes bajé casi un kilo. Apreciablemente la mayoría limpio, sin hambre y sin mucho esfuerzo.

Puede parecer poco, pero más vale lento y bien. Además tampoco me sobraba mucho y mi idea de definir no es la de secarme para salir a tarima. ¿Ves cómo empiezo a hilar con la competición?

Bueno que después de un mes llendo bien, me lesiono. Poca cosa, pero con molestias en los abdominales no puedes hacer casi nada. Y como de trabajar no puedo dejar, tuve que dejar de entrenar por un par de semanas.

Aquí es donde empieza a torcerse la cosa. Entro un poco en pánico y dejo de seguir el plan establecido. Me diseño otro nuevo. Y ahí está el problema, hacerme caso a mi mismo. Aún a sabiendas que no soy muy listo. Porque esto yo lo sé.

Empiezo a bajar mucho las calorías. Primer error. Ya hice un capítulo diciendo que el entrenamiento es una parte pequeña del gasto calórico total. Y yo seguí trabajando. Con lo que mi gasto calórico diario era prácticamente el mismo.

Pero la cosa no acaba aquí, un tonto nunca deja de sorprenderte. Y yo me sorprendo a mi mismo a diario.

La cosa es que para este segundo mes, la idea era apretar un pelín más el déficit. Pero no bajando las calorías consumidas, que ya eran bastante bajas. Sino subiendo un poco el entreno.

Al estar lesionado, entré en pánico y tiré pa bajo las calorías ¿Cómo, comiendo menos? Pues no, porque comer menos sería casi dejar de comer. Lo hice cambiando los alimento.

Así que en resumen, me pasé a lo light. Leche, queso y yogures desnatados. Carnes magras y pescado blanco. Menos aguacate y frutos secos…

¿Te acuerdas del podcast anterior sobre lo que dice la ciencia de las dietas bajas en grasas? Aquí es donde se confirma que muy listo no soy, porque me pasé todo ese mes mirando artículos sobre el tema.

Pues la moraleja de todo esto es que si llevas una dieta baja en hidratos (como Arnold manda) y también le quitas las grasas (cosa que está muy mal) y lo juntas con una semana de ola de calor, tienes todas las papeletas para que algo malo pase.

¿Qué pasó? Te preguntarás tú. Pues que un miércoles me levanté con un dolor de cabeza de competición, deshidratación severa y con un mareo que me costaba estar en pie.

Aún así me fuí a trabajar. Y en unas horas me trajeron a casa porque no había manera.

Solución. Volver a comer normal. Mucha fruta, mucho agua, mucho té y medio día de descanso para que todo volviera a su sitio.

Al día siguiente no estaba al 100%, pero ya no era tan grave. Y al llegar el viernes como nuevo. Vuelta al plan original y a mitad de esa semana ha volver a entrenar un poco. Como Arnold manda.

Todo este rollo viene porque cuando no hacemos las cosas de manera “normal”. Cuando no hacemos las cosas como se tienen que hacer y queremos forzar la máquina. Pues la máquina suele petar.

Peta en forma de lesión, de enfermedad o con cualquier desequilibrio. Eso es lo de menos. Lo importante es que el cuerpo se queja.